Querido yo del pasado

Texto. Andrés Yepes / Fotografías. Faber Franco

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Querido yo del pasado, 

Decidí escribirte, aunque ya no tenga caso, para no quedarme con todas esas cosas que me hubiera gustado decirte para prepararte para lo que venía, así tal vez así el camino hubiera sido un poco más sencillo. Sé que no tiene sentido hablar de un “hubiera” pero dicen también que a veces hablar de él hace que vivamos algo así como una catarsis. 
Quisiera haberte dicho miles de cosas, pero voy a enumerarte algunas de esas mil:

No intentes encajar


Nos vamos acostumbrando a vivir dentro de ciertos círculos que no acaban y ciertos estereotipos que nos tatuamos en la cara sin darnos cuenta. Y es así como en la era de lo que llaman diversidad y libertad, comenzamos a actuar y a ver la vida como se supone que debemos, sin detenernos a pensar si es o no la que realmente queremos para nosotros. 

En nuestro caso específicamente, que nos identificamos con una condición sexual distinta, comenzamos a pensar en cómo se supone que debemos vernos, hablar, pensar, incluso vivir nuestra sexualidad para poder hacer parte de la comunidad; sin darnos cuenta que muchas veces en vez de liberarnos nos estamos catalogando a través de más y más etiquetas. Y es ahí cuando nos perdemos a nosotros mismos.

Si pudiéramos ser fieles a lo que somos dentro de la comunidad LGBTI y apoyáramos la diversidad de perspectivas y opiniones sin paradójicamente discriminar y juzgar, seguro sería más fácil dejar de ser discriminados en muchas ocasiones. 

Yo del pasado: sé fiel a tus ideales y tus valores, que seguro te llevarán a sentirte pleno aunque te hagan diferente.

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No olvides cuan valioso es tu cuerpo

He pasado por muchas etapas. Una de ellas comenzó cuando rompí el lazo que había inconscientemente creado entre amor y sexo. Entendí que eran dos cosas completamente distintas y que en el amor es importante el sexo pero que para que haya sexo no tiene que haber amor. 

Eso trajo cosas buenas y otras no tanto. Si no tenía que involucrar mis sentimientos para darle placer a mi cuerpo, podía entonces tener tantos encuentros sexuales como quisiera porque inocentemente creí que no corría peligro si mi corazón estaba a salvo, tal como muchos de mis amigos me habían dicho que debía funcionar. 

Pero no pensé a largo plazo, en cómo con el tiempo un encuentro sexual ya no sería suficiente para sentirme bien conmigo mismo, o de los riesgos que estaba tomando al entregarme carnalmente sin condiciones a personas equivocadas, sin pensarlo al menos un poco. 

Cuando asimilé todo, supe que estaba inmerso en un problema del que ya no sabía cómo salir. Mi cuerpo ya no tenía el mismo valor para mí y ya no recordaba la forma en la que podía hacer que convergiera el sexo con algún sentimiento o emoción distinta al placer.

Yo del pasado: estuvo bien que te dispusieras a conocerte sexualmente, pero no debes nunca perder nociones de lo valioso que es tu cuerpo y cuan importante es que pienses a quien se lo vas a compartir.

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No busques con desespero el amor

Ligado a lo que te acabo de contar, comencé una búsqueda. Mi itinerario se llenó de citas con chicos: dos, tres, cuatro a la semana… no tenía claro qué era lo que buscaba, solo sabía que quería probarme a mí mismo que era posible realmente conectarme con alguien en todos los sentidos, como pasa en las películas. 

Creí muchas veces que por fin estaba sucediendo, para pronto darme cuenta de que no era así, renegar de la vida un rato y luego volver a tener otras cuantas citas más. El ciclo parecía no terminar.
No puedo decir que todos mis intentos terminaron en deslices cortos, los que funcionaron, irónicamente fueron esos que no busqué, que llegaron porque la vida tiene destinado ciertos personajes que deben enseñarnos un par de cosas. 

Así fue como pude comprobar que muchas veces las cosas que valen la pena no se consiguen buscándolas, sino dejando que la vida las ponga en el lugar y el momento perfecto para que todo fluya como debe ser. 

Yo del pasado: deseé haberte dicho esto también, pero supongo que era necesario que buscaras para darte cuenta de que la búsqueda no era necesaria.

Tu corazón roto es necesario para que un día sepas amar

Tuve después una relación que parecía que duraría para siempre. Por primera vez sentí que estaba alejándome de un cliché que dice que un chico joven no puede mantener una relación estable y fuerte.

Viví algo muy bello que terminó, porque así sucede a veces. En ese momento creí que todo había sido en vano y que no valía la pena dar para luego quedar con las manos vacías. Pero el tiempo te va contando muchas cosas que te ayudan a entender otras y es así como ahora también me hubiera gustado decirte…
 

Querido yo del pasado: tenía que ser así porque únicamente se puede amar para siempre un día si te han roto el corazón un par de veces y has sido capaz de pegar los pedacitos. 

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Cuando encuentres el amor, no huyas...quédate.

Esta última parte pensé que debía decírtela a ti también, pero me di cuenta de que no debe ir para ti, sino para mi yo del presente. 

En una era en la que nadie cree ni le apuesta al amor escuche un día que es “una aventura” y si lo ves por ahí o si ya lo tienes, no tengas miedo. Es ahí cuando debes romper con ideas escépticas y facilistas que existe en la cabeza de muchos chicos como tú. Arriésgate con él a vivirse todos los días y a ser un equipo, porque contrario a lo que muchos piensan, cuando se trabaja en conjunto todo es más bonito. Piénsalo como algo que no durará solo unos minutos. Cuídalo, porque no importa si todos piensan que solo hay que pensar en uno mismo, es gratificante saber que existe alguien que te importa desinteresadamente. Séle fiel y negocia tus decisiones con él, porque no debe ser un conflicto pensar en los dos ni eso te hace menos libre. 

Querido yo del presente: para vivir algo que valga la pena con alguien hay que dar un poco de ti todos los días, no todo puede ser sencillo y no hay que soltar para que las cosas “funcionen”, sino amarse sin poner en juego el lazo que los une.

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Finalmente, quiero darte las gracias, yo del pasado… porque luego de muchas historias coleccionadas, recuerdos gratos y otros no tanto; ilusiones perdidas y otras que han permanecido hasta hoy; errores cometidos, algunos de ellos solucionados y otros no, me hacen una obra de arte, valiosa, como todos los otros “yo” que existen en el mundo y que deberían hablarse a ellos mismos tal y como yo lo hago hoy.

Sigamos viviendo juntos este viaje.

 

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